EN ESPAÑA E IRLANDA
Fundación: España 1967
Fundación: Irlanda 1972
A veinticinco años de su retorno a la Casa del Padre, hemos podido constatar que la Madre María Inés es una vida que trasmite vida; sí, ya que toda ella estuvo impregnada del germen vital del Evangelio, fuente de Vida y Paz (cfr. Jn 15, 5; Sal 1, 3). Verificarlo, implicaría seguir las huellas que el Espíritu va dejando en las diferentes personas que, de alguna u otra manera, han entrado en contacto con el Señor a través de ella.
En la región de España, formada por las comunidades de Pamplona, Madrid e Irlanda, mantener y trasmitir la frescura de este don es una responsabilidad y un gran desafío, que se acentúa en una sociedad profundamente secularizada en la que la pregunta sobre Dios se ha convertido en una necedad (cfr. 1Cor 1, 23).
Para muchos de los jóvenes que acuden a nuestro Colegio Mayor en Pamplona o a nuestra Residencia Universitaria en Irlanda, es necesario, incluso, provocarles esta pregunta a partir del sentido global que tiene su propia vida.
Tratamos de ir formando en ellos una conciencia misionera a través de diversas actividades como: la Tómbola Misionera o Jóvenes Talentos, que nos ayudan a recaudar fondos para misiones como India, Sierra Leona, etc.; así como algunas charlas con los chicos y experiencias directas en misión.
Otro de nuestros apostolados, que nos permite un contacto privilegiado con las familias, es la guardería de Madrid; este es un espacio en el que compartimos con los padres, en cierto grado, la responsabilidad formativa del don más hermoso que el Señor les ha dado: sus hijos.
A los niños, se les da a conocer la vida y obra de Madre María Inés a través de pequeñas obras de teatro, exposiciones y diversas dinámicas que les van despertando el deseo de conocer más a Jesús y de darlo a conocer.
Nuestro carácter misionero puede ser una aportación muy específica a esta sociedad opulenta y materializada. Debemos ser transparencia de Cristo, como lo fue la Sierva de Dios, es decir, transformarnos, como ella, en una vida que transmite vida.
Nuestros apostolados son espacios de crecimiento y enriquecimiento mutuo. Nos permiten confrontarnos con una realidad que nos interpela y a la cual interpelamos, que purifica nuestra fe y la madura, que nos exige coherencia y radicalidad.
El desafío esta ahí, sólo los que amen verdaderamente a Cristo lo acogerán con todas sus implicaciones, como lo hiciera en su momento la Madre María Inés.