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EN JAPÓN

Fundación 1951  

Son veinticinco años que físicamente no vemos a Nuestra amada Madre Fundadora, sin embargo, su presencia espiritual es cada vez más fuerte, más segura en nuestras vidas.

También la «Obra» que Dios le encomendó a la Sierva de Dios y su misión primogénita, la Región de Japón, festeja 55 años de su fundación.

«Pero, ¡qué gran Madre Fundadora tenemos!» Expresiones como estas se les oye decir a las hijas de la Madre María Inés, de esta primogénita misión.

«Fue una religiosa que una vez que inició una vida de santidad no paró nunca en su carrera».

«La siento muy humana y tan cercana a nuestra realidad».

«Saber lo que ella sentía, su reacción ante las pruebas me estimula y anima, entonces yo también lo puedo hacer».

«Ella, Nuestra Madre, sintió y asumió realidades que yo vivo ahora y me enseña que todo se puede sacar adelante en la inmensa confianza en El».

Las hijas de la Madre María Inés, fundiéndose en sus mismos anhelos misioneros, bebiendo de las enseñanzas de su corazón, ya no buscan otras doctrinas de espiritualidad, sino que trabajan ahora más que nunca por vivir su carisma misionero para lograr «¡que todos le conozcan y le amen!»

El testimonio de su vida, en el corazón de sus hijas de Oriente, es un estímulo para otras personas que buscan el camino que es Cristo.

Testimonio

Elizabeth Aiko Kosuda, ahora Pre-vanclarista, que fue el ángel de la guarda de nuestras hermanas que llegaron a hacer la fundación en Japón hace 55 años.

Es la primera persona seglar que estuvo presente cuando Nuestra Madre visitó Japón por primera vez en 1953. Aiko San sin entender español o inglés, acompañó a las hermanas al Puerto de Yokohama a recibir a Nuestra Madre y se quedó una noche con ellas. A pesar de que no se entendían, la señorita Aiko intuía siempre lo que necesitaban o le pedían.

Recuerda la escena de gozo inmenso del abrazo y encuentro de la Madre con sus hijas. Aiko San se comunicó y habló con Nuestra Madre sólo con sonrisas. Recuerda cómo tenía su cara coloradita mirándola tiernamente, le agradecía el que hubiera acompañado a sus hijas ya que era un viaje de un día desde Ohinata a Tokyo y después hasta Yokohama.

AiKo estuvo presente en la despedida de la Madre María Inés que regresaba a México, vio cómo las hermanas se dirigían a ella y duraban mucho tiempo en despedirse «me imaginaba que les aconsejaba y las consolaba ya que lloraban con pena la separación de su Madre. Fueron escenas muy sentidas que mis ojos presenciaron».