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Galería fotográfica de México
Casa de Acapulco, Casa de Arandas, Casa de Formación en Chiapas, Casa Madre, Casa del Valle, Casa del Vergel, Escuela Granja, Casa de Guadalajara, Casa de Huatabampo, Casa de Ixtlán, Casa de la Florecilla, Casa de la Villa, Casa de Mazatán, Casa de Monterrey, Casa Noviciado de Cuernavaca
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EN MEXICO
Fundación 1945
México, cuna de la Congregación , siente hoy más que nunca la presencia activa de Nuestra querida Madre Fundadora, en ese ir y venir de los primeros pasos para que su Obra, como solía llamar a nuestra congregación, empezara a germinar, a crecer y a madurar.
En nuestra vida diaria en las diferentes casas de la República , la doctrina de Nuestra Madre ilumina hasta los mínimos detalles de nuestras comunidades, en el silencio de la oración, de la adoración, en los momentos de fraternidad que nos hacen gozar y reír; y en aquellos otros de desolación y desierto que alguna vez podemos experimentar.
Qué decir de los apostolados: pastoral parroquial, educación, trabajo manual, sanidad, misión entre nuestros queridos hermanos indígenas y la pastoral penitenciaria, que se ven fuertemente iluminados y estimulados por la presencia espiritual de Nuestra Madre.
Son espacios privilegiados en donde la misionera clarisa anuncia, da a conocer y amar a la Santa Trinidad y muestra el amor maternal de santa María de Guadalupe.
Las hermanas mayores y enfermas que con su vida de silencio y alegría repiten como San Juan: «lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos» (cfr. 1 Jn 1,1), eso es precisamente lo que les anunciamos.
Las pequeñas que se forman en el anhelo misionero contemplativo de Nuestra Madre, en la sencillez y alegría de almas juveniles que han apostado todo por Jesús.
La memoria de un alma misionera, el veinticinco aniversario del retorno a la casa de Padre de Nuestra Madre, nos está comprometiendo hacia metas más altas de santidad.
Nuestras comunidades se han movido siempre al ritmo y palpitar del corazón misionero de Nuestra Madre, así queremos seguirlo haciendo, por eso, en este veinticinco aniversario, renovamos el compromiso de nuestra pertenencia a la Obra de la Madre María Inés Teresa Arias, en la Santa Iglesia Católica, y queremos constituirnos como plaza fuerte, en medio de una sociedad que rechaza a Dios o simplemente es indiferente a todo aquello que viene de él.