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EN NIGERIA
Fundación 1976
Nuestra Madre Fundadora vino a Nigeria a finales de 1976, justamente hace treinta años, «a ver a las hijas», las pioneras. Las personas que le trataron recuerdan su amabilidad, su sonrisa, su libertad, especialmente su celo misionero.
Para fundar en esta tierra se decidió por el lugar más necesitado., escogió una villa pequeña, pobre conflictiva.
Le advirtieron acerca de los inconvenientes del lugar. Ella contestó: «aquí, mis hijas noche y día, ante el Santísimo Sacramento, intercederán por el pueblo y harán lo posible por su conversión y mejora material».
Efectivamente sus hijas tuvieron un arduo comienzo. No fue fácil tener vocaciones durante la postguerra de Biafra, de la que todavía se veían las profundas heridas y la zona estaba apenas levantándose del baño de sangre sufrido.
La semilla misionera plantada por Nuestra Madre en suelo nigeriano tuvo que afrontar dificultades y penalidades de diverso tipo. Sin embargo, las hermanas como valientes hijas de María Inés Teresa Arias, empezaron a abrirse camino con su alegría, simplicidad, buen hacer y especialmente con la gracia de Dios.
Daban clases en el seminario, en la escuela secundaria de niñas y atendían diversas actividades parroquiales.
Después de las primeras hermanas, comenzó la saga misionera... más hermanas fueron llegando, tanto mexicanas como las primeras nigerianas que tocaban las puertas del convento.
Actualmente la región nigeriana cuenta con 63 miembros distribuidos en seis comunidades: Obosi, Onitsha, Ugwuagba, Nnewi, Awada, Umuota, y en unos meses más se abrirá la séptima misión: Abakaliki: situada en una de las zonas menos desarrolladas y en donde la pobreza material se une a la espiritual.
Uno de nuestros gozos mayores es poder participar en la misión «ad gentes». Durante la década de los 90, cinco hermanas nigerianas trabajaban en Sierra Leone en los campos de la educación y salud, pero la guerra truncó temporalmente esta actividad misionera. La cual se reanudó en el 2002, con otro grupo de hermanas.
La región camina entre «el aliento del Espíritu» y la presión y las tentaciones del mundo... la región camina entre el gozo del carisma inesiano y la realidad de un mundo no del todo cristianizado.
Las misioneras clarisas oímos decir: «Ustedes son diferentes, ustedes saben sonreír, en ustedes se ve disciplina religiosa...sigan así». ¿A qué se debe la diferencia? Es el Espíritu de Jesús vivo y actuante en la misión, es el carisma que Nuestra Madre recibió como don del Espíritu Santo y que ha heredado a sus hijas e hijos, carisma que tratamos de vivir en comunión de amor y servicio pese a la fragilidad de nuestro barro.