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EN SIERRA LEONA

Fundación 1960

Veinticinco años es un aniversario que siempre se celebra. Se celebra la fidelidad a un compromiso, la solidez de alguna institución, una fecha memorable. Es en este marco que se celebra el aniversario del retorno al Padre de Nuestra Madre María Inés Teresa: 25 años de un fiel acompañamiento en la labor apostólica, de haber palpado que «ni la guerra me arredra, ni las dificultades me detienen, ni los trabajos materiales me atemorizan, siendo tu voluntad nada temo; yendo tú conmigo estaré perfectamente tranquila, llevando conmigo a la dulce Morenita estoy segura de la victoria».

 

En los Escritos de Nuestra Madre encontramos una visión profética de lo que ha sido la vida de esta misión. Como con Jesús, la cruz ha sido parte en el apostolado que desempeñamos: la educación de la niñez; una cruz no buscada, pero aceptada en la obediencia. Cruz que nos dio luz y ánimo para abrazarla, cuando sufrimos la persecución y el exilio por la guerrilla; y la fuerza de volver para construir y cosechar lo que tantas hermanas nuestras habían sembrado a su paso por esta misión.

¿Cómo podríamos explicar la continuidad de nuestro apostolado si no estuviéramos ancladas en una confianza audaz, a semejanza de Nuestra Madre Fundadora? Nuestro regreso a la misión no ha sido otra cosa que el arrojarnos en los brazos de Dios Nuestro Padre.

Una de las características más sobresalientes de nuestra misión es su amor a Santa María de Guadalupe. Nuestras escuelas y clínica no solo llevan su nombre sino que su fiesta se celebra con grande solemnidad. Durante nuestro tiempo de ausencia en la misión hubo acciones heroicas por parte de la gente para proteger y salvar la bendita imagen.

También durante nuestra ausencia, María Santísima nos dio señales de su continua protección maternal. Ella, la Misionera por excelencia quien prometiera a Nuestra Madre acompañarla en todos sus pasos, ha seguido trabajando en nuestros misionados, preparando sus corazones para acoger a su Divino Hijo.

La presencia de Jesús en la Eucaristía , es decir, el hacerlo presente entre aquellos que no lo conocen, después de habernos llenado de Él durante la hora de adoración, es nuestra tarea, nuestra dulce responsabilidad.

Sierra Leone, un país en su mayoría musulmán, espera sobre todo que los misioneros seamos testigos de Aquél que entregó su vida por nosotros y permanece en el tabernáculo para seguir siendo sostén, fuerza y guía de nuestra vocación. No solamente presentamos, en nuestra oración a Jesús todas esas almas que han sido confiadas a nosotros en nuestros apostolados sino la de aquellos catecúmenos a los que cada hermana dedica semanalmente su tiempo.

Después de la dura prueba por la que el Señor nos ha permitido pasar en estos 10 años de guerra sin sentido, nuestro compromiso de entregarnos por amor y de gastar la vida amando y haciendo amar a Cristo, se ha reforzado. Si arde en nuestros corazones el deseo de ser mártires por su amor debemos comenzar por una vida de mayor entrega. En Nuestra Madre tenemos un gran ejemplo. Es el modelo que estamos llamadas a seguir. Que esta celebración sea para nosotras un renovar nuestra entrega sabiendo que ella es la estrellita que ilumina nuestro sendero.