Home|Madre María Inés|Misioneras Clarisas|Misioneras de Cristo| Vanclar |GrupoSacerdotal Madre María Inés|Espacio Vocacional

TESTIMONIOS

Caminos de Dios

Nos cuenta la hermana Matilde Núñez, misionera en Japón, que un día encontró a la señorita Luz María Yamamoto, católica, amiga de la comunidad, quien le presentó a la señorita Cristina Nakada Akiko, católica también, a quien le habían diagnosticado cáncer y estaba en tratamiento. Después de conversar un poco con ellas, la hermana las invitó a visitar el convento y ellas lo estuvieron haciendo algunas veces, participando en el rezo del rosario y haciendo oración ante el Señor.

La hermana Matilde platicó un día con Cristina, y ella le relató el proceso de su enfermedad y todas las consecuencias que ésta había traído a su vida, incluyendo la frustración de su proyectado matrimonio. Pero también, que esta enfermedad había sido el instrumento que el Señor había usado para su conversión al catolicismo. La hermana Matilde le ayudó a reflexionar en el hecho de que, Dios sabe en todo momento lo que es mejor para cada uno y va poniendo los medios a lo largo de nuestra vida para lograrlo, e invitó a Cristina a ir a la capilla para dar gracias a Dios por ello.

En la capilla, pusieron en manos de la Santísima Virgen de Guadalupe todo lo que Cristina traía en el corazón; y la hermana le repitió las palabras de tan Dulce Madre . “Hijita mía, ¿por qué te afliges? ¿No estoy Yo aquí que soy tu Madre?” A Cristina se le llenaron los ojos de lágrimas, pero con una luz nueva.

Por experiencia propia, la hermana Matilde sabía que hacer algo en favor de los demás es un aliciente que ayuda mucho para superar el desaliento y la tristeza que suelen acompañar esa enfermedad, por eso le vino la idea de preguntar a las chicas si le podrían ayudar a corregir la traducción al japonés de los escritos de la Madre María Inés. La respuesta fue afirmativa e inmediata. Así fue como desde principios de febrero del 2004, estas dos señoritas empezaron a tener contacto con la doctrina de la Madre Ma. Inés Teresa.

Dejemos que la misma hermana Matilde continúe este relato: “Trabajamos en la traducción casi todos los domingos después de la Santa Misa. Siempre fue notorio el interés de las dos, pero sobre todo de Cristina, pues no obstante que su enfermedad avanzaba, no quería descansar ningún día.

Las preguntas y conversaciones que surgían mostraban claramente cómo la atraía con fuerza el carisma de Nuestra Madre y cómo la ayudaba a sobrellevar su enfermedad y a superar todo. Sin darse cuenta tal vez, aprendió a ofrecer todo con alegría por la salvación de las almas, a hacerlo todo con María, a pasar horas a los pies de Jesús sacramentado, a hacer lectura diaria de la Sagrada Biblia , etc.

El cáncer seguía avanzando. Desde principios del año 2005 ya veíamos con cuánta dificultad caminaba, pero no se quejaba. Para el 12 de diciembre, en esas condiciones vino al convento a la celebración de la Virgen de Guadalupe. Venía a festejar a la Virgen de Guadalupe y no le importaba nada más.

Para el 11 de febrero del 2006, vino a la Misa de los Vanclaristas, acompañada de otras amigas y todas quedaron muy entusiasmadas, deseando formar parte de nuestra familia misionera como vanclaristas. A fines de febrero le di personalmente la noticia de que la Madre Superiora General había dado su autorización para que fuera vanclarista, lo cual le dio muchísimo gusto. Ella lo deseaba desde hacía tiempo, pero temía que por su enfermedad no podría realizar ningún servicio.

De hecho ya vivía con espíritu misionero su cristianismo. Por eso le dijimos que su mayor colaboración era ofrecer todo por la salvación de las almas. Que toda su enfermedad y los dolores que tenía los recibiera como un regalo de Jesús que la hacía partícipe de su corona de espinas y de su cruz. Ahora ella iba a comprender mejor el significado de su nombre: «Cristina» , es decir de Cristo.

El 12 de marzo me enteré que Cristina se encontraba en el hospital. Por esa razón, el domingo 12 fui a verla, acompañada de otras dos cristianas amigas suyas. Ellas fungieron como testigos ahí en el hospital cuando Cristina Nakada recibió la Cruz de Vanclarista e hizo su compromiso. Estaba muy contenta y rebozando alegría me dijo: « Entonces, ¿ya puedo decirle a la Madre Inés NUESTRA MADRE?» Y sus ojos brillaban. «Claro que sí, - le dije- de hecho ella ya te considera como una hija más».

Los días en el hospital se sucedieron entre análisis y estudios diversos, hasta que finalmente los médicos dieron su diagnóstico: se denota la presencia del cáncer en las meninges, en la columna vertebral y en otros puntos del sistema óseo. Como los dolores de cabeza seguían muy intensos propusieron practicar una perforación en la cabeza para extraer el líquido canceroso de ahí, pues estaba oprimiendo las meninges y de ahí le venía presión tan alta y los dolores de cabeza. Sin embargo Cristina pidió que se pospusiera esta terapia hasta después de Resurrección, porque quería vivir la semana Santa conscientemente, acompañando a Jesús en su Pasión.

Yo le he estado llevando la Sagrada Comunión frecuentemente desde que recibió la cruz de vanclarista y durante la Semana Santa lo hice todos los días, porque sabía que ella lo deseaba ardientemente y que sólo Jesús podía darle fuerzas para sobrellevar los dolores.

Actualmente ya los médicos advirtieron a la familia que el desenlace puede ocurrir en cualquier momento. Es sólo cuestión de tiempo. Seguramente el Señor la está purificando más y dándole la oportunidad de salvar muchas almas, porque de ello era perfectamente consciente y cuando todavía podía hablar y sostener una conversación nos dijo que se ponía totalmente en las manos de Dios por medio de María y que unía sus dolores a los sufrimientos de Cristo en su pasión.

La hemos seguido visitando con frecuencia y aunque ya no puede recibir la Sagrada Comunión , sabemos que nos escucha y le hacemos pequeñas reflexiones para animarla y ayudarla a que se abandone a la misericordia infinita de Dios. Procuramos repetir las frases de Nuestra Madre que a ella mucho le gustaban e invitarla a reclinar su cabeza en el corazón de Jesús. Cristina lleva ya más de 2 meses en el hospital. Pedimos al Señor que la siga sosteniendo con su gracia y a la Santísima Virgen que le esté siempre cercana como su Madre que es.

Hoy es día de las madres y fui a visitarla. Cuando la saludé y le dije algunas palabras al oído noté que me escuchaba y me reconocía. Después abrió un poquito los ojos y cuando vio que era yo los abrió completamente. Le mostré la fotografía de Nuestra Madre, y con ella también una imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe diciéndole: Cristina, estamos en el mes de mayo, dedicado especialmente a la Santísima Virgen y hoy es día de las madres. Hay que festejar a nuestra mamá de la tierra pero también a nuestras mamás del cielo. Mira, aquí está la Santísima Virgen , felicítala, dale las gracias por ser tu Madre. Y también a Nuestra Madre. ¿Las ves? Y en ese momento hizo una señal afirmativa. Entonces continué: ellas te miran y sonríen porque te aman mucho, arrójate en sus brazos como niña pequeñita. Diles que tú también las quieres mucho. Y así continué por un rato haciéndole varias consideraciones.

Con gusto he compartido con ustedes esta experiencia que aquí en Japón, nos está ayudando y enriqueciendo mucho. Espero que también a todos ustedes les ayude en algo. Seguimos pidiendo por intercesión de Nuestra Madre y de la Virgen de Guadalupe, siempre es posible un milagro... si es la Voluntad del Señor”.

Hna. María Matilde Núñez F., Misionera Clarisa

Tokio, Mayo 2006

 


Con el ejemplo de Madre María Inés

 

«Jamás imaginé involucrarme de tal modo con su amada congregación que llegara a estimarlas de modo tal, que en este momento sean instrumentos vivos de Dios para la mutua salvación de nuestras almas... 

Gracias por todo, todo lo que han hecho por mí, gracias por sus invaluables oraciones que me han dado la oportunidad de entregarme a Dios, gracias por su amistad sincera y profunda, gracias por saber sonreír aún cuando sabemos, que estos caminos a veces son difíciles de seguir.

 

Amadas Hijas en el Señor Jesús... mueran, mueran todos los días  a sí mismas, a lo que el mundo quiere para hacernos perder la atención hacia Dios.... y ofrezcan su alma y corazón para su digno servicio, conservándose así como hoy, así como las conozco, así como las amo: bellas y puras para Jesús el Señor...

Mis humildes oraciones por su perseverancia, y que Dios, fuente de todo consuelo, les haga mujeres heroicas, con el ejemplo de la Madre María Inés que supo amar con fidelidad a Cristo y su iglesia...».

 

Pbro. Juan Isaac Martínez

Sonora, México

 

Prefiero quedarme para salvar muchas almas

 

«Un 24 de Diciembre, cuando era postulante, estaba decorando el árbol de Navidad con mi compañera postulante. No estábamos muy contentas porque queríamos celebrar Navidad en casa. Por eso mientras decorábamos trabajábamos hablábamos sobre esto: en casa tal vez nuestros padres nos estarían extrañando, etc…, de repente vi a mi lado una hermana parada y sonriendo, como que estaba escuchándonos.

Empezamos a sonreír también, y al voltear a verla me di cuenta que era el cuadro de la foto de Nuestra Madre. Comentando entre nosotras expresé que pensaba que era una persona real y mi compañera pensó lo mismo.

Comentamos lo que sentimos en ese momento olvidándonos de lo que estábamos hablando antes y terminamos de decorar el árbol, después se nos encargó otro trabajo de decorar y lo hicimos muy felices.

Pasado el tiempo cuando estaba viendo la foto de Nuestra Madre traté de recordar de qué estábamos hablando en ese tiempo… pero no pude.

Pienso que era Nuestra Madre fundadora que vino a ayudarme a ser feliz.

Gracias a su presencia, poco a poco voy entendiendo que si salgo de la Congregación no salvaré almas y el demonio estará muy contento, entonces prefiero quedarme para salvar muchas almas».

 

Jyoti Kerketta.

Misionera Clarisa de la India

 

 


Gracias y favores recibidos por intercesión de la

Sierva de Dios: Madre María Inés Teresa Arias Espinosa

 

 

«Ciudad de México D.F. 1 de abril de 2004

 

Muy queridas Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento:

 

En mi calidad de católico convencido, quiero dejar testimonio escrito de un gran favor que, por la intercesión de la Madre María Inés Teresa Arias del Santísimo Sacramento, recibí de Dios nuestro Señor.

El 15 de abril de 2003 me quedé sin trabajo. Desde esa fecha busqué sin hallarlo, teniendo la responsabilidad de mantener a mi esposa y a mis tres hijos ya universitarios. Por distintas causas se me cerraban las puertas del trabajo.

Yo traté de no desesperarme, de mantenerme confiadamente cerca de mi Señor Jesucristo, rogándole a él y a la santísima Virgen, a veces con desesperación, me concedieran encontrar un trabajo que me permitiera hacer frente a mis responsabilidades de padre de familia.

En este año de 2004, a mediados de febrero si mal no recuerdo, al final de una misa en mi parroquia del Inmaculado Corazón de María, algunas de ustedes, madres Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento, repartieron un volante en el que difundían la mística espiritual de su fundadora y en el que se contenía una oración para pedirle a Dios su pronta canonización y un favor personal por intercesión de ella.

Pues bien, comencé a rezar esa oración con fervor una vez al día, y al cuarto día recibí una llamada telefónica de un conocido mío que me ofrecía un magnífico trabajo, mismo que, gracias a Dios y a la intercesión de la Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento, he iniciado en esta fecha del 1 de abril de 2004.

Quiero dejar constancia de que esa llamada fue totalmente sorpresiva e inesperada, y que para mí constituye, sin la menor duda, una gracia especial de Dios nuestro Señor y una acción milagrosa, ocurrida por la intercesión de la Madre María Inés Teresa del Santísimo Sacramento.

Hago constar lo anterior para honra y gloria de Dios nuestro Señor, de nuestra Madre la santísima Virgen, de nuestra santa Iglesia y de su santa madre María Inés Teresa Arias del Santísimo Sacramento».

 

Lic. Alfonso M. Navarro Lozano

 

 

Arandas Jalisco, 27 de enero de 1997

 

«Hace tiempo recibí un milagro por intercesión de Madre María Inés. Al haberme caído de un segundo piso cuando andaba tendiendo ropa en la azotea y caí entre alambres y fierros, sin haber recibido rasguño alguno cuando pude haberme matado, pues son 10 metros de altura, caí de espalda y me rebotó la cabeza en el cemento, yo traía una reliquia de la Madre en una medalla que me regalaron. Yo le pedí en el momento que iba cayendo que me cuidara y me protegiera. Duré unos minutos tirada en el piso sin poderme mover, tenía miedo levantarme, pues pensé que iba a tener una fractura, tomé la medalla y la apreté en mis manos y le di gracias a Dios que por medio de ella no me haya pasado nada. Después me levanté y no tenía golpes ni siquiera un raspón en mi cuerpo. Ese día se me perdió mi medalla y unos meses después la encontré colgada en la cabecera de mi cama y desde ese día ella me ha cuidado de muchas cosas y peligros de caídas y accidentes».

 

María Guadalupe Hernández Vázquez.

 

Supuesta curación milagrosa realizada por interseción de Madre María Inés - Testimonios - Proceso de canonización - biografa de la Madre María Inés