

EN ESTADOS UNIDOS
Fundación 1954
Después de veinticinco años de la partida al Padre, de Nuestra Madre Fundadora, sus hijas de la Región de California damos gracias al Señor por la Madre que nos concedió y por la riqueza espiritual, que por medio de ella, sigue derramando sobre cada una de sus hijas.
Hacemos un alto en nuestro caminar para ver si esa gran alma misionera sigue presente en nuestras vidas y en nuestro apostolado, o si ya es sólo un recuerdo. Su recuerdo sigue muy vivo entre nosotras, sus hijas, pero también sentimos su presencia maternal.
Siendo ella nuestra fundadora y nosotras sus hijas no podemos olvidar a la Madre que el Señor nos concedió. Tenemos el legado de sus escritos que son el sustento espiritual que nos anima a seguir su carisma. Tenemos sus ejemplos y sus enseñanzas que nos legó por medio de sus cartas colectivas y por lo que las hermanas que convivieron con ella, nos comparten.
Nuestra Madre sabiamente supo aunar su ideal misionero a la contemplación, que se manifestó en dos expresiones fundamentalmente en: su amor a Jesús Eucaristía y a su Madre Santísima.
En la Región de California, esos dos amores se mantienen vivos. En todas y cada una de las hermanas se palpa: por su atención y constancia en las adoraciones, el amor a la Eucaristía ; el amor a María se manifiesta en las devociones Marianas.
Nuestros apostolados en la región, se centran principalmente en la educación de la niñez y de los adolescentes, donde las hermanas procuramos estar atentas a que nuestro trabajo tenga el matiz que Nuestra Madre, nos enseñó: infundir en esos niños el amor a Dios y a María Santísima.
Enseñarles a obedecer, a respetar a sus padres y las leyes del país. Llegar a ser buenos ciudadanos en esta tierra y un día ciudadanos del cielo. En este, como en todos nuestros apostolados, como nos lo enseña Nuestra Madre, buscamos siempre la salvación de las almas.
Este recuerdo del caminar con Nuestra Madre Fundadora en la región, es una constante, que toma un matiz especial al celebrar los veinticinco años de su retorno al Padre y que con la gracia de Dios y nuestro esfuerzo, queremos mantener vivo, contando con la protección de María Santísima bajo la dulce advocación de Guadalupe.
Los planes para mantener vivo el recuerdo de esta gran alma misionera; y para que siga iluminando nuestros apostolados son para este año de gracia:
1º Lectura constante de sus «Pensamientos».
2º Recordar sus enseñanzas en nuestros retiros mensuales
3º Volveremos a tomar para nuestros ejercicios anuales, los que Nuestra Madre, Sierva de Dios, dirigió en esta región de California en 1970.